
Cuando fui perversión,
hace algunas horas,
quizás minutos, o segundos,
completamente desnuda
me extendí como incendio
sobre una bestia
borracha y hambrienta
que me perseguía
como a una serpiente
tratando de enmudecer
mis meneos rabiosos.
Me brotaron colmillos
y garras gigantescas
y la cabalgué
en medio de la selva
bajo la perpetua niebla
hasta hacerla vomitar sal
sobre mi piel furiosa.
Aun así, no hizo tiritar
o enfriar mis huesos
ni tornarme en desierto.
Entonces le chupé la sangre
arranqué su corazón,
y lo devoré completo.
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